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Vista aérea de La Playa (Vallehermoso)
El municipio de Vallehermoso tiene varias playas: perfectas para el baño: Argaga e Iguala; bellas y salvajes: Arguamul y La Sepultura; nudistas: La Arena; sin encanto y sin arena: La Rajita; con arena y encanto: Alojera; feas y peligrosas: La Playa. Como si no hubiera otra, la bautizaron con el nombre de La Playa. Se halla a 3,5 km del casco urbano y cuando uno alcanza su orilla se encuentra frente a un mar que bate duramente sobre las piedras. A la izquierda hay dos edificios que fueron parte de sendos pescantes: uno en estado de ruinas y otro con el aspecto deprimente de haber sido “restaurado” de manera miserable. Algo antes de llegar a la playa, a mano derecha, hay una piscina. También es muy probable que al llegar encontremos soplando un viento frío capaz de sacar a flote el mal humor hasta del santo Job. Este es el panorama actual.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que ese lugar, a pesar de las olas y el viento, era una preciosa playa de arena negra, con charcos agradables, casas, bares, barcos de pesca, pescante y hasta canchas de fútbol y de baloncesto. ¿Qué sucedió para llegar al estado actual?

Seda, orchilla y carpinteros de ribera

Retrocedamos algunos cientos de años. Es bueno tomar distancia, también distancia temporal, para ver mejor las cosas.

Si observamos el mapa de La Gomera levantado por el ingeniero italiano Torriani, a finales del siglo XVI, veremos marcada esta playa con el nombre de Spiaggia de Valle Hermoso.

Por esa misma época, el portugués Gaspar Frutuoso indica que no es fácil llegar a tierra en el Puerto de San José, como denomina a la playa de Vallehermoso. A pesar de estas dificultades, Frutuoso otorga cierta importancia a este embarcadero porque era el punto de atraque más cercano al puerto de Santa Cruz de La Palma y no existía, según él, otro mejor en toda la banda norte ni noroeste de La Gomera.

En cuanto a las mercancías que se embarcaban por La Playa de Vallehermoso en los siglos XVI, XVII y XVIII, destacan las sedas, la orchilla y la madera. Es probable que una parte de los cereales cultivados en las zonas de secano, como Tazo, junto a las excelentes cosechas de vino, también saliese por el mismo embarcadero.

Desde el siglo XVI, la gente de Vallehermoso exportaba muchos troncos de árboles con destino a Las Palmas de Gran Canaria, según se sabe por los protocolos notariales de la época. ¡Qué belleza debieron tener aquellos bosques para que, aun siendo talados durante tantos años, la parte de ellos que logró sobrevivir continúe siendo la admiración de todo el mundo!

En los inicios del siglo XVII, la carpintería de ribera estaba muy desarrollada en La Playa y se fabricaba un buen número de embarcaciones de tamaño considerable, pues alcanzaban hasta 70 pipas de capacidad.

En cuanto a la seda, su producción era muy abundante en el siglo XVIII y se enviaba a las islas realengas. Sobre la fabricación de la seda y la elaboración de diversas prendas dedicaré otro artículo en este mismo blog, igual que a la recolección de la orchilla.

Las olas amenazan al Pescante de Vallehermoso

La Bahía de Vallehermoso y su artilugio metálico

En el siglo XIX, Vallehermoso se había constituido en la población más rica de La Gomera y su tráfico marítimo era mayor que el de otros pueblos. Los marinos que llegaban a esta parte de la costa la conocían como la Bahía de Vallehermoso y así consta en los mapas de la época. El mar continuaba igual de bravo que en las anteriores centurias y se sabe que algunas veces gran parte de las mercancías se perdía, porque durante las operaciones se iba al fondo arenoso de la rada, a una profundidad de 20 metros aproximadamente. A veces, también se hundían los barcos, como evidencian los cañones extraídos en la década de 1960.

A medida que pasaba el tiempo, la actividad marítima se acrecentaba en La Playa, sobre todo después de la introducción del cultivo de plátanos y tomates. No se podía seguir dependiendo de las caprichosas marejadas que azotaban el embarcadero y, a principios del siglo XX, con Domingo García al frente, se decidió construir un artilugio metálico que permitiera realizar sin peligro los embarques de fruta. Se puso manos a la obra y, en el año 1904, lucía El Pescante o Guindaste junto al Risco de Genaro. Como muestra la fotografía antigua, desde la orilla se podía contemplar un enorme brazo de hierro que se alongaba sobre el mar y, con un mecanismo similar al de una grúa, subía y bajaba la mercancía en los veleros y vapores caleteros.

Paralelamente, se construyeron talleres de empaquetado de plátanos y tomates. También fueron surgiendo algunas casas y hasta una ermita dedicada a la virgen de Candelaria.

Sin embargo, en La Playa de Vallehermoso, el mar parece haber perdido la cabeza y algunos días procede como si su objetivo fuera no dejar piedra sobre piedra. De manera que un día sucedió lo inevitable.

(Continúa en Segunda Parte de La Playa de Vallehermoso)

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Bibliografía

Blázquez Martínez, J. M.: La explotación de la púrpura en las costas atlánticas de Mauritania Tingitana y Canarias. Nuevas aportaciones. Anuario de Estudios Atlánticos Tomo II nº 50 pp 689–704. Casa de Colón. Madrid – Las Palmas de Gran Canaria, 2004.

Frutuoso, G.: Saudades da Terra. Fontes Rerum Canariarum, XII. Instituto de Estudios Canarios. La Laguna. 1964.

Glas, George: The Story of the Discovery And Conquest of the Canary Islands: Translated from a Spanish Manuscript lately foundin the Island of Palma. (Ejemplar conservado de la Universidad de Michigan. Estados Unidos de América). D. Chamberlaine. Dublín. 1767.

Mederos Martín, Alfredo y Escribano Cobo, Gabriel: Fondeaderos y Puertos de La Gomera y El Hierro. Anuario de Estudios Atlánticos. nº 44 pp 429-475. Casa de Colón. Madrid – Las Palmas de Gran Canaria. 1998.

Torriani, Leonardo: Descripción e historia del reino de las Islas Canarias antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones. Goya Ediciones. Santa Cruz de Tenerife. 1978.

Viera y Clavijo, José de: Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria. Tomo III. Imprenta de Blas Román. Madrid. 1776.

Copyright by Manuel Mora Morales, 2009.

UN GRUPO DE AMIGOS CONTINÚA CON LA TRADICIÓN PARRANDERA

En Valle Gran Rey, siempre hubo grupos de amigos que se reunían al atardecer a tocar la guitarra y a cantar canciones canarias, mexicanas, colombianas, venezolanas, cubanas, puertorriqueñas, argentinas,… La bondad del clima y la disposición urbanística permitía que prolongaran la parranda hasta altas horas de la noche sin molestar a nadie. Muchas veces, estas parrandas terminaban en serenata frente a la casa de alguna muchacha.

Después llegó el turismo, el afán desmesurado por el dinero, el progreso, los mp3,… y las parrandas fueron muriendo. Sin embargo, alguna queda y, como ejemplo, está ese grupo de amigos que se reúne cada noche en la terraza del Bar de María, junto a la Playa de la Calera, donde acuden muchos vecinos y turistas alemanes a contemplarlos y escucharlos, siempre con una sonrisa en la labios.

Estas manifestaciones culturales tienen más importancia de lo que generalmente se piensa y los responsables políticos se ocupan poco de que no se pierdan. Por otro lado, un grave defecto de los canarios es pensar que debemos avergonzarnos de nuestras tradiciones, al menos hasta que han sido reconocidas como tales por personas ajenas a nosotros. En fin, espero que les guste la canción.

Silbador

Silbador

A cara o cruz he lanzado
a la mar una moneda;
salió cuna y nací yo:
cuna o concha es La Gomera.
Súbete al roque más alto,
silba con todas tus fuerzas
hacia atrás, hacia la infancia,
a ver si el eco recuerda
las bordadas camisillas
que abrigaron mi inocencia.
Sílbame más, mucho más,
que oiga las primeras letras
del alba silabeando
los renglones de mis venas.
Silba, silba sin cesar,
y tráeme la escopeta,
los caballitos de caña
con sus bridas y cernejas,
el croar de los barrancos
y las palmas guaraperas.
Silba, silba sin descanso,
hasta llamar a la puerta
de los que en lucha cayeron
con la rebeldía a cuestas.
Sílbame el Garajonay,
que va siempre sin pareja
bailando el santodomingo
camino de las estrellas.
Sílbame el ritmo de fuego
con que danzan tus hogueras
dando a la noche madura
la juventud de doncella.
Sílbame el faro sus luces,
los alfileres que vuelan
a hundirse en el aceríco
redondo de las tinieblas.
Sílbame la sal y el agua,
sílbame el pan y las penas,
y la libertad que amamos
sílbala a diestra y siniestra.
Cierto que no morirás,
mas si algún día murieras
entra en el cielo silbando
y silbando pide cuentas
de por qué te condenaron
a soledades perpetuas.
Y ahora silba más hondo,
silba más alto y sin tregua,
silba una paloma blanca
que dé la vuelta a la tierra.

Pedro García Cabrera está considerado como el mejor poeta oriundo de las Islas Canarias. Nació en la isla de La Gomera, en el año 1905, murió en Tenerife, en 1981. Estudió la carrera de maestro y estuvo vinculado al movimiento surrealista y a la revista “La Gaceta del Arte”.

A raíz del golpe de estado de 1936, fue arrestado y enviado a un campo de concentración en Villa Cisneros. Allí, organizó una evasión y con otros compañeros secuestró el vapor “Viera y Clavijo” y se dirigió a Senegal. Después marchó a Marsella y pasó a Andalucía, donde se integró en el frente republicano, pero de nuevo cayó en manos del ejército golpista y sufrió prisión durante siete años.

El resto de su vida permaneció en Canarias, padeciendo las penurias de aquéllos que se opusieron a Franco, sin poder ejercer siquiera su carrera de magisterio.

Su obra es abundante, lúcida y de una belleza primordial. Nada mejor para catar su poesía que leer uno de sus poemas.

Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado
Que me entierren en ella,
donde mi libertad dé sus rumores
a todos los que pisen sus orillas.
Solo no estoy. Están conmigo siempre
horizontes y manos de esperanza,
aquellos que no cesan
de mirarse la cara en sus heridas,
aquellos que no pierden
el corazón y el rumbo en las tormentas,
los que lloran de rabia
y se tragan el tiempo en carne viva.
Y cuando mis palabras se liberen
del combate en que muero y en que vivo,
la alegría del mar le pido a todos
cuantos partan su pan en esa isla
que no sea silencio amordazado.

(Las Islas en que vivo, 1971)

MI RELACIÓN CON EL POETA

El hogar familiar de mis abuelos maternos estaba pegado a la casa de Pedro García Cabrera. Los primeros años del poeta estuvieron cercanos a los de mi familia y tuve el privilegio de conocer muchas anécdotas de primera mano. Personalmente, lo conocí en 1970 y mantuve una relación más cercana a partir de 1977. Puedo dar testimonio de que fue un hombre sencillo que podía mantener una conversación a cualquier nivel, lejos del engolamiento que tantas veces se instala en los literatos reconocidos.

Años después de su muerte, participé en un par de trabajos relacionados con su poesía.

Uno de mis mayores tesoros es una página que me regaló el poeta con un romance dedicado a la isla donde ambos nacimos. En mi mesa de noche suele haber alguna de sus obras. Pocas veces salgo de viaje sin llevarme un libro suyo en la maleta.

MÁS SOBRE GARCÍA CABRERA

Vínculo a un mediometraje sobre Pedro García Cabrera y la identidad de su isla. Con poemas recitados en “Silbo gomero”.
Vínculo a la Fundación Pedro García Cabrera
Vínculo a Wikipedia
Vínculo a una interesante página sobre el poeta

Que nadie espere encontrar en este blog alabanzas a los políticos eternos ni a los de turnos. Tampoco, botafumeiros que exhalen palabras perfumadas en honor de cualquier poder económico, religioso o cultural. Aquí se hallarán más bien historias de lo pequeño, recuerdos de personajes humildes o leyendas con elementos sencillo. En realidad, nunca he podido escribir sobre otras cosas. Hace ya más de una década, prologaba un libro con la misma declaración de incapacidades y de principios.

“Para mí, por mi condición de mago, siempre he estado más al tanto de lo pequeño que de lo grande, ha sido un gran honor ser el primero que ha escrito un libro sobre Barbuzano, el más tímido de los luchadores que he conocido; de la misma forma que antes escribí sobre los humildes caminos de nuestras islas, sobre el modesto gofio que alimentó a nuestros abuelos o sobre los sencillos guachinches de nuestros campesinos. Y es que a los señores, a los cisnes, a los palacios y a los fantasmas les ha sobrado siempre trovadores que les canten.” (Manuel Mora Morales: El libro de Barbuzano: 1998).

La Gomera es una isla con una personalidad especial, diferente a cualquier otra idiosincracia que usted conozca. La gente, los paisajes, las tradiciones, la historia y la gastronomía han transcurrido por caminos distintos a los habituales.

Espero que encuentre en este Blog algo del interés real que posee la isla que lo ha inspirado. Estoy trabajando para que pronto tenga una buena cantidad de información.

Saludos cordiales.

M.M.M.

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